He vuelto aquí, al manantial del que debo beber para sentirme vivo y otra vez voy a picar mi herida hasta que manche mis dedos con una sangre tan negra y tan espesa que, en su densidad, gritará tu nombre.
Será un grito pesado que caerá sobre los hombres, un grito que va a desgarrar el sonido y romperá las cuerdas de mi voz quebrándome en llanto. Impedirá el movimiento corporal que tanto te gusta, excepto mis dedos, mis dedos que seguirán picando la herida en éste manantial que me mata y me hace sentir vivo.
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